María o Marta,  ¿cuál?
Tomado del libro:
Great dramas of the Bible
Autor: William Earle Cameron
Traducción:  Mayra Pérez
De la historia bíblica de Marta y María nosotros podemos aprender toda la importante verdad sobre cómo
permitir que todos los potenciales espirituales en nosotros tengan mayor expresión con la menor
cantidad de interferencia humana.
Marta, María, y su hermano Lázaro vivían en la pequeña aldea de Betania en las afueras de Jerusalén.  
Ellos eran amigos cercanos de Jesús.  Jesús no tuvo muchos amigos íntimos durante su ministerio, y sólo
algunas personas le entendían.   Pero este hogar donde Sus tres buenos amigos vivían era un lugar al
que Él disfrutaba ir.
Existe evidencia de que esta era una familia de recursos, y de que ellos daban de sus riquezas, tanto
como de ellos mismos.  María, por ejemplo, usó su costoso ungüento en Jesús.  Su hogar
indudablemente era muy confortable y atractivo.  Marta y María, sin embargo, eran muy diferentes en
temperamento y en su acercamiento al conocimiento espiritual como dos personas pueden ser.  Marta
parecía ser la mayor.  Ella era práctica, activa y sólida.  Ella sobresalía como ama de casa y se esforzaba
por la perfección en su hogar.  Ella siempre tomó la iniciativa y probablemente se convirtió en una figura
materna para María.
María era más pensativa, un poco más imaginativa, sensitiva, y apasionada espiritualmente.  Aunque sus
naturalezas eran polos aparte, ellas eran muy unidas, y Jesús las entendió y las amó a ambas.
Es en el momento de mayor dificultad en la vida de Jesús que la Biblia nos presenta a Marta y María.  
Jesús estuvo constantemente encarando oposiciones y la Cruz.  Era en este hogar favorecido en
Betania, bendecido con paz, fe, y amor, que Él podía hacer una breve pausa y descansar con Sus amigos.  
Aquí es donde vemos el contraste entre Marta y María.  Marta inmediatamente comienza a laborar y no
detenerse, realizando los preparativos para elaborar un banquete digno de Jesús y haciendo todo para
que El se sintiera cómodo y para honrar Su presencia en su hogar.
Tratando de hacer lo mejor que ella podía, ella se agitó, preocupó, y llegó a un estado de
estremecimiento.  Por otro lado, María, se sentó a los pies de Jesús en un tranquilo enanejamiento
espiritual, tomando cada palabra, ansiosa de aprender las lecciones que Él le enseñaría.  Realmente no
hay nada malo con cada actitud; ambas reflejan amor.  Pero Marta pensó que algo estaba mal porque
María no la estaba ayudando durante ese período de mucha labor.  Ella se quejó con Jesús: “Señor, ¿no
te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?  Dile, pues, que me ayude.” (Lucas 10:40)  Estoy
seguro que muchas amas de casa van a tender a simpatizar con María.
Pero Jesús no lo hizo.  Él corrigió a Marta, no a María.  Él le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás
con muchas cosas.  Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le
será quitada.” (Lucas 10:41-42)  
El descuido de Marta, además de ofensivo y quejumbroso, tuvo un énfasis errado.  Las actividades y el
servicio de Marta eran buenos, pero iban en la dirección incorrecta.  Ella se agitó, se preocupó, y estaba
sintiéndose tensa y ansiosa cuando Jesús prefería solo paz, quietud y apoyo espiritual.  Ella estaba
preparando un banquete cuando en aquel momento el solo quería una comida.  El solo tenía una gran
necesidad, alimento para el alma.  María tenía eso.  A través de su atención amorosa a Jesús; ella mostró
evidencia de saber no solo Sus necesidades sino que probablemente más sobre los secretos de Su
verdad y poder y reino que lo que supieron sus discípulos.  Debido a esto, ella era indudablemente una
de las personas más sensitivas espiritualmente en toda la vida de Jesús.  Debió ser mucho más
importante para Marta en aquel momento el haber cesado su ajetreado trabajo para Jesús y escucharlo a
Él, que servirle a El mejor.  El tipo de trabajo de Marta nos hace sentir cansados, exhaustos, y agota las
energías de nuestra mente y cuerpo.  La oración nos llena espiritualmente; expande y fortalece nuestros
poderes de nuestras almas.
Es bastante común para los nuevos estudiantes de Unity, donde la oración se enfatiza fuertemente,
preguntarse sobre el lugar del trabajo activo en su perspectiva religiosa.  Unity deja esto estrictamente a
cada individuo conforme a lo que él o ella deseen hacer y cómo usar la Verdad.  Pero no es que
ocupemos todo nuestro tiempo en oración y nos sentemos hacia atrás y nunca hagamos nada.  Los
buenos estudiantes de Unity están constantemente “en los trabajos de su Padre”.
El principio envuelto está incluido en un refrán que dice: “Ora y luego mueve tus pies”.  Esto significa,
por supuesto, ora primero y luego toma la acción apropiada.  Marta y María, como recuerdas, eran
hermanas.  Estaban muy relacionadas.  La oración y una actividad externa efectiva también están muy
relacionadas.  Ellas también son hermanas.
Existe un orden divino para que las cosas sean hechas.  Jesús nos instruyó firmemente a buscar
primeramente el reino.  La oración viene primero, y la acción correcta le sigue; de otro modo, nuestras
actividades toman posesión de nosotros y nos llevan por el camino del  error.  La forma contemplativa,
pensativa, de escuchar y receptiva de María debe predominar siempre y proveer su influencia elevada y
de guía.  Una cosa es completamente necesaria, la devoción al Cristo.
Una vez una maestra le dijo a su estudiante de tercer grado:  “¿Qué permite que tú siempre traigas tus
asignaciones hechas?”  Con firme entendimiento el niño contestó:  “Sólo yo.”  Existe toda clase de
pensamientos que nos ocupan y sentimientos que viajan a través de nuestras mentes y emociones.  
Nuestro mundo interno se sobrecarga; es difícil para una nueva idea penetrar y aún más difícil para la
“apacible pequeña voz” ser difícil para una nueva idea penetrar y aún más difícil para la “apacible
pequeña voz” ser escuchada.  Ese fue el problema con la conducta de Marta.  Ella estaba muy ocupada
con escuchada.  Ese fue el problema con la conducta de Marta.  Ella estaba muy ocupada con
“pequeñeces” y arreglos que nunca tuvo tiempo para escuchar al mismo Jesús el Cristo.Tenemos que
aprender a eliminar aquello que no es esencial, no estar tan “...afanado y turbado con muchas cosas.”  
(Lucas 10:41)  Tomar las cosas en nuestras propias manos es dilatar la respuesta.  Por eso fue que Jesús
dijo que María había elegido la mejor parte.  Su interés en los valores espirituales la mantenían absorta
en cosas más importantes.  Ella estaba abierta y receptiva a los tesoros del espíritu.  Aprender acerca de
la Verdad, adquirir comprensión espiritual, y preparar su vida interior para que de esta forma el Espíritu
pudiera llevar a cabo transformaciones notables en su vida hizo a María una persona capaz de un
servicio más efectivo.  Jesús amó y respetó a Marta, pero Él trató a María como un discípulo
completamente maduro.
Como podemos aprender de un niño de tercer grado, lo que impide nuestro crecimiento espiritual somos
solamente nosotros mismos.  Aquellos que están siempre trabajando ansiosamente con las situaciones
humanas no pueden orar efectivamente o mantener su atención enfocada en el propósito esencial
espiritual de la vida.  
A la inversa, aquellos que se apartan completamente a la oración y contemplación nunca realizan los
potenciales espirituales dados por Dios tampoco.  La persona ideal es una combinación balanceada de
las cualidades de Marta y María, receptiva e inspirada primero, lo que nos libra de mucha ansiedad,
pérdida de tiempo, y esfuerzo.  Luego somos capaces de continuar adelante como canales a través de los
cuales Dios puede llevar a cabo Sus grandes planes y propósitos, usando todos nuestros talentos
humanos y habilidades.  
En Unity nuestro acercamiento es lo que Charles Fillmore llamó “misticismo práctico”, nosotros
estudiamos y oramos, estableciendo verdad, orden, paz, fe, y amor en nuestro mundo interior; luego
“movemos nuestros pies”, reforzados por el Padre dentro de quien hace el trabajo.  Esto es una manera
infalible de traer a Dios a nuestras vidas, vivir el más alto concepto de lo que es el Cristo, y ser partícipes
con Dios en la creación de nosotros mismos.
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