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Celebramos la vida en el amor que Cristo nos enseña
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Hermandad Extraordinaria Libro: Great Dramas of the Bible Autor: William Earle Cameron Traducción: Mayra Pérez (Miembro activo de Unity Quebradillas)
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Aquí encontramos otro inolvidable drama que Jesús tejió en el tapiz de Su enseñanza.
Nosotros hemos identificado el tema central de Su enseñanza como algo que ha sido
conocido como el “reino”, el reino de Dios, o el reino de los cielos, el cual creemos que es
la región espiritual omnipresente e infinita que está detrás, enfrente y dentro de toda la
creación.
También hemos explorado el mensaje del reino de Jesús desde varios puntos de vista,
especialmente por el énfasis de Sus propias palabras de que el reino está “al alcance de tu
mano” y “en medio de vosotros”. La verdad que hemos conocido en Sus palabras sobre
esto es que, como imagen y semejanza de Dios, cada uno de nosotros tenemos, siempre
disponible y accesible dentro de nosotros, un reino morador de Dios de posibilidades y
potenciales espirituales que pueden ser avivadas y puestas en manifiesto en nuestras
vidas a través de nuestras mentes y corazones.
Más adelante veremos que si no tenemos el conocimiento sobre esta verdad sobre
nosotros, la mayor parte de nuestras vidas la vivimos exactamente de espaldas a la luz,
mientras nos esforcemos en la inutilidad de luchar con las situaciones y circunstancias de
efectos externos que no tienen fin, en lugar de establecer posesión y autoridad en el
dominio interno de las causas. En otras palabras, la mayoría de las veces hacemos frente
y lidiamos, y raras veces realmente vivimos.
Jesús constantemente nos redirige hacia la región del origen espiritual, desde donde
podemos internamente invocar el proceso de creación universal de Dios en nuestras
propias conciencias y, de este modo, externamente hacia nuestras vidas y nuestro mundo.
Esto connota que el trabajo formativo de la vida dedicada al camino, la verdad y la vida de
Jesucristo es realizado dentro, por el discipulado de nuestros pensamientos y
sentimientos, y el despertamiento de nuestros potenciales espirituales latentes, a través
del estudio, oración y meditación. Jesús estableció ambas: las prioridades y orden de la
vida Crística con su precepto: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y
todas estas cosas os serán añadidas”. (Mateo 6:33)
La buena nueva del mensaje de Jesús es que cada uno de nosotros trae consigo la
naturaleza del reino de Dios y Su potencial creativo e infinito dentro de sí todo el tiempo.
Ese es nuestro legado morador de nuestro Padre. Y, como el hijo pródigo, tan pronto nos
volteemos a Él, nuestra herencia se convierte en una realidad activa en nuestras vidas.
Nosotros nacimos en una nueva dimensión de vida y entramos en una sociedad creativa
con nuestro Padre que nos brinda una vida de crecimiento, maestría y poder espiritual, el
tipo de vida diseñado para que vivamos, el tipo de vida que vivió nuestro hermano mayor
Jesús.
Es vital que entendamos que el proceso creativo por el cual la vida es exitosamente vivida
siempre es iniciado y establecido desde el interior. Pero una vez es avivada internamente
es igualmente importante proveer un canal para su expresión externa.
Veamos ahora uno de los grandes dramas de la Biblia, el cual nos puede mostrar cómo
traducir la Verdad espiritual en acción y llevar nuestro potencial interno como una fuerza
para el bien en nuestras vidas. El drama es la parábola de Jesús sobre el Buen Samaritano.
La historia comienza con una conversación entre Jesús y un abogado judío. Un “abogado”
en aquellos tiempos no representaba un miembro de la profesión legal, sino un estudiante
y exponente de las leyes religiosas de Israel. Tal como los escribas, ellos representaban
la actitud mecánica legalista de obedecer la letra de la ley más que desarrollar los
beneficios potenciales de buscar el espíritu de la ley.
En esta situación, el abogado le hizo una pregunta a Jesús: “...Maestro, ¿haciendo qué
cosa heredaré la vida eterna?” (Lucas 10:25) Es importante conocer que esto ocurrió
durante los últimos seis meses del ministerio de Jesús, cuando la jerarquía religiosa se
había vuelto muy hostil hacia Jesús. El abogado pudo haber sido “colocado” para intentar
argumentar con Jesús en orden de hacerlo cometer un desliz para luego lanzarle y
atacarle. Por otro lado, esto representa una pregunta muy natural que podría ser
formulada por cualquier seguidor religioso sincero. Así es que, démosle al abogado el
beneficio de la duda. Digamos que él tenía la impresión, como muchos, de que hay una
gran posibilidad de vivir mucho, mayor que la que hemos realizado, una cualidad eterna
que no tiene nada que ver con el mero paso del tiempo o qué ocurre con nosotros luego
que morimos, pero es un potencial magnífico que nos puede llevar más allá de cualquier
experiencia que conozcamos, hacia unas dimensiones nuevas, ricas y llenas “de vida más
abundante”. El abogado pudo haber dicho, especialmente en la presencia de Jesucristo:
“Puedo vislumbrar algo de lo que quieres decir sobre esa gran vida eterna, pero ¿cómo
puedo llegar a ella?” Jesús pudo haber respondido a la pregunta del abogado: “Como
abogado que eres deberías conocer la respuesta por ti mismo. ¿Qué está escrito en la ley
sobre esto?” El abogado contestaría: “Bueno, la ley es: Ama al Señor tu Dios con toda tu
alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente”. Y Jesús diría algo así como “¡Eso es!, Haz
eso y vivirás”.
Pero, ¿hacer qué? ¿Cómo se puede amar de esa manera?
Para amar a Dios, tenemos que conocer a Dios, y conocer la verdad sobre Él. Existen
muchas, muchísimas cosas buenas y maravillosas para conocer acerca de Dios.
Especialmente, es muy importante saber que “Dios es amor”, y conocer cuánto Él nos
ama.
En la historia del Buen Samaritano, Jesús nos brindó un ejemplo memorable y dramático
de un incidente de cómo es el amor de Dios en la vida de un ser humano. En la historia, un
viajero desafortunado se convierte en la víctima de los ladrones del camino. Él fue
golpeado y despojado de sus posesiones, lo cual incluía su ropa, y dejado tirado medio
muerto en una zanja al lado del camino.
Por coincidencia, un sacerdote caminaba por allí. Él vio el cuerpo e inmediatamente se
movió hacia el otro lado del camino. Una cosa que debemos recordar a su favor es que un
cura nunca debía tocar un cuerpo muerto, o estaría impuro para sus labores sacerdotales
durante las próximas 24 horas. Además, la mayoría de los hombres devotos en sus días
consideraban todos los sufrimientos como un mandato de Dios. ¿Cómo podrían ellos
afectar o tratar de interferir un “acto de Dios?” Claramente, sin embargo, el cura colocó
sus labores eclesiásticas antes que un acto de humanidad o una oportunidad de expresar
la ley del amor.
Luego de pasar el sacerdote, venía un levita, tal vez pensando, “si el sacerdote lo dejó
solo, ¿por qué debería yo preocuparme por él?”
Luego, una persona no religiosa venía por el camino, un samaritano en un viaje de
negocios. Cuando él vio al hombre en problemas, ¡cruzó el camino para ayudar! Con
mucha compasión, vertió aceite y vino en sus heridas. Levantó al hombre (médicamente
hablando), lo colocó en su propio asno, y lo llevó a una posada. Luego hay una maravillosa
sugerencia de que él estuvo vigilando toda la noche al desventurado extraño, y en la
mañana él hizo generosos arreglos para que recibiera cuidado extendido.
Cuando Jesús terminó Su historia, Él preguntó al abogado, “¿Quién, pues, de estos tres te
parece que fue el prójimo?” Los judíos sentían tal repugnancia y desprecio por los
samaritanos, que el abogado ni siquiera quería mencionar la palabra al contestar la
pregunta. Él contestó: “El que usó la misericordia con él.” Jesús concluyó, “Ve, y haz tú
lo mismo.” (Lucas 10:37) Ve y pon ese tipo de amor en acción, y conocerás una nueva
dimensión de vida.
La contestación a “¿Quién es mi prójimo?” de acuerdo a Jesús, es ¡cualquiera que
necesite mi ayuda! Para el judío, esta es una desviación pasmosa de su punto de vista
religioso. Él sentía una responsabilidad definitiva hacia sus compañeros judíos, pero no
así para con los gentiles.
Un acto de amor y bondad tiene su origen en los sentimientos de respeto mutuo y
atención. Uno de los primeros ministros de Inglaterra, necesitando una operación, informó
al doctor, “Yo no quiero que me trate como si yo fuera uno de los miserables pacientes
médico indigente que vienen a su hospital.” “Señor, usted sería muy afortunado si yo lo
hiciera; ¡por esa pobre y miserable gente médico indigente (como usted les llama) es que
tengo a todos los primeros ministros en la mirilla!
El amor de Dios es derramado completamente en todos Sus hijos. La noción de
“favoritos” es un mal concepto humano. El amor de Dios, transformado en nuestro amor
por otros, debe verlos como amados por Dios, y, de esa manera, nuestro prójimo (nuestros
hermanos y hermanas). Recuerda, esta parábola fue expresada por Jesús, ¡quien nos
amaba a cada uno de esa manera! Aceptando Su proximidad como nuestra, es una
maravillosa oportunidad para romper las muchas barreras y experimentar una nueva
calidad en nuestras vidas como nunca antes hemos conocido.
Hay muchas razones por las cuales reprimimos nuestro amor por otros. Ninguna tiene
mérito. Todas son negativas; miedo, coraje, resentimiento, celos, y envidia. Estas no solo
nos causan distribuir en raciones nuestro amor por otros, sino que rápidamente inhiben
nuestra habilidad para experimentar todo lo que el amor puede añadir a nuestras vidas. El
sentimiento también es una base débil para el amor. Este depende de las emociones que
casi siempre son caprichosas y puede cambiar repentinamente o evaporarse. La
compasión verdadera se mueve más profunda.
Lo que necesitamos es la fuerza vencedora de un poder más que humano, conocido como
el amor de Dios. Muchas veces sentimos que debemos cambiar a alguien de manera que
podamos amarle; pero amarlo por sí mismo es el poder transformador.
Con el amor de Dios en nuestros corazones estamos divinamente fortalecidos por un
poder dinámico y una fuerza sostenedora que realmente puede vencer nuestros límites y
dirigirnos hacia una mejor existencia.
A veces ayuda el recordar lo recíproco de la verdad. Nunca poseeremos realmente algo
que deseemos o disputemos tener siempre que lo atesoremos de otra persona. La altura
de nuestros logros y crecimiento es determinada por cuánto hemos querido ayudar a
otros a tener la oportunidad de alcanzar un estado más elevado.
El gran ideal dado por Jesús: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos
mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40)
La buena vida está compuesta del beneficio mutuo de dar y recibir. El Buen Samaritano
tenía el espíritu de la verdadera vida, él dio. Dio de su tiempo, coraje, fuerza física, dinero,
benevolencia, amistad; y su dádiva fue basada en el espíritu de la ley (que rompe los lazos
de la letra de la ley).
El se envolvió en una hermandad extraordinaria. Él aceptó personas que ordinariamente
nunca hubiese conocido o tratado de conocer, y se interesó y envolvió con ellos de
maneras que nosotros usualmente reservamos solo para algunos amigos cercanos. Pero
esto valió infinitamente todos los problemas, porque los lazos que fueron rotos lo liberaron
hacia una existencia mucho mejor.
En cada uno de nosotros, como en el Buen Samaritano, hay en espera un reservorio de
potencial incumplido y experiencia no vivida, que persigue nuestros corazones con
anhelos y sueños de una larga vida. En lo profundo de nosotros hay un “incitador”
espiritual, un impulso divino persistente que continuamente nos hace señas y nos toca
ligeramente con el codo para que nos elevemos más y seamos más, para aprender y
crecer y expresar nuestro propio potencial espiritual único en toda clase de formas
maravillosas, gloriosas y extraordinarias.
¿Quieres que tu vida prospere? ¿Te gustaría tener un amigo y compañía como
Jesucristo? Recuerda al Buen Samaritano y a “mis hermanos más pequeños” y “ve, y haz
tú lo mismo”.